MUJER TRANSGENERO SE CONVIERTE A CRISTO

 

Por casi diez años, Laura vivió como un hombre transgénero llevando un nuevo nombre: Jake. Aunque fue criada por una familia cristiana, ella se alejó de la iglesia y pasó a vivir con un compañero transgénero.

 

“Crecí yendo a la iglesia. Yo frecuentaba la Escuela Dominical, formaba parte del coral infantil y muchas otras actividades. Pero faltaba una relación personal con Jesucristo“, dijo Laura, que formaba parte de la Primera Iglesia Bautista de Bartlesville, en Estados Unidos.

 

Tramando una lucha con su identidad sexual, Laura “no se sentía” como una niña y decidió abrazar una vida transgénera a los 20 años de edad.

 

Aunque tenía el apoyo de la iglesia, la madre de Laura se sintió deprimida y aislada ante la situación de su hija. En ese período, Francine decidió sumergirse con más profundidad en la Palabra de Dios.

 

“Me di cuenta de que tenía una fe más basada en las obras que en Cristo, una mentalidad legalista. Yo actuaba como un fariseo muchas veces”, reconoció Francine.

 

Francine se unió al grupo de oración de su iglesia para clamar por la vida de Laura, mientras la hija tomaba hormonas, se hacía cirugías y se envolvía en el activismo LGBT.

 

Después de un largo camino, Dios empezó a despertar la fe en Laura. “Compré las mentiras de Satanás, creyendo que mis elecciones pecaminosas me dejarían feliz. Pero por dentro, yo era miserable y estaba en busca de una paz verdadera“, afirmó.

 

A poco, Laura fue convencida por las verdades del Evangelio. “Dios abrió mis ojos a la verdad. Él me hizo percibir que ser transgénero no era su voluntad para mi vida. Pero todavía estaba en conflicto “, recuerda.

 

Francine y Paul estaban viendo un proceso de transformación lento en la vida de su hija, pero continuaron manteniendo la fe. “Era como si Dios me dijera: Si usted continúa tratando de arreglar a Laura, no voy a arreglar. Si usted entrega a Laura en mis manos, voy a trabajar”, dijo Francine.

 

Un día, Laura decidió ir a la iglesia, pero su madre entró en conflicto. “Pensé que si fuera a la iglesia pareciendo un hombre, ella nos avergonzaba. Esto me mostró cuán lejos todavía estaba de Cristo”, confiesa Francine.

 

Para la sorpresa de su madre, aquel día Laura tomó la decisión de dejar de ser transgénero, romper la relación con su pareja y volver a casa de sus padres. En septiembre del año pasado, fue bautizada en su iglesia.

 

Francine y Paul creen que Dios respondió sus oraciones y alentó a otros padres a que nunca desistieran de sus “hijos pródigos”. Hoy Laura está activa en la iglesia y tiene una nueva vida. “Soy prueba viva de que el amor de Dios es mayor que la mentira del diablo”, afirma.

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